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16/11/09

EL CONTADOR DE HISTORIAS



¿Le gusta callejear y perderse por una judería? ¿Es de esas personas que olvidan el tiempo mientras componen un puzle? ¿O acaso, reconoce que le encanta dar vueltas y más vueltas por los zocos atestados de tenderetes de especias, lanas o lámparas? Y lo más importante...¿le gusta que le cuenten historias? ...¿sí?...¿dispone de tiempo? Le hablo de tiempo, mucho tiempo...bien...Luego no diga que no le he avisado.

***

Escuchad.

Dejad que sea vuestro dios.


Dejad que os guíe en un viaje hacia los confines de la imaginación.

Dejad que os cuente una historia.

Hace mucho, mucho tiempo, en una tierra remota, vivía un emir en una hermosa ciudad, una ciudad verde llena de árboles y de exquisitas fuentes burbujeantes cuyo susurro arrullaba a los ciudadanos por las noches. Puede decirse que el emir tenía todo cuanto un hombre puede desear, a excepción de lo que más anhelaba su corazón: un hijo varón. Gozaba de riquezas, heredadas y logradas. Gozaba de buena salud y una dentadura fuerte. Gozaba de estatus, encanto, respeto. Gozaba de la adoración de su preciosa esposa y de la admiración de su pueblo. Tenía un pedicuro experto. Llevaba veinte años de matrimonio y doce hijas, pero ningún varón. ¿Qué podía hacer?
***
Así comienza El contador de Historias, de Rabih Alameddine, es un libro inmenso en todos los sentidos; para que os hagáis una idea, antes de empezar a leer, hay que observar dos cosas:

1) El grosor del libro, ya que no es precisamente un cuadernillo de cuarenta páginas. Su sintaxis no es breve, por lo que su dimensión equivale a deciros que este libro no tiene una prosa rápida y concisa; al contrario, si abres el libro y empiezas a leer, te perderás en él, en la densidad de la narración.

2) La portada. La portada os dará una pista importante sobre la trama del libro; y empleo esa palabra, trama, con toda intención. Para confeccionar una alfombra, por ejemplo, hay que seleccionar las lanas, ver su grosor, su textura y calidad, y por su puesto, su tonalidad. Cada uno de esos hilos se convertirá en un cuento que el autor tejerá con otros hilos, otras historias, hasta confeccionar la novela final, una alfombra llena de simbolismos.

Antes de empezar a leer, os aconsejo un boli y un folio, para que no os perdáis, siguiendo el hilo de los distintos argumentos que aparecen en la obra, porque, aunque metafóricamente es uno, el autor amplifica lo esencial y lo distribuye en distintos niveles narrativos, desde leyendas de tradición oral, relatos del Antiguo testamento , de la cultura grecolatina , india, persa y por supuesto, la historia de la saga familiar del protagonista familiar, que abarca cinco generaciones, hasta situarnos en el Beirut de 2003. Leer este libro conlleva, además, pasear de la mano del narrador por la historia del Líbano.

A través de su lectura asistimos a una novela bien estructurada (pero no lineal) con las tradicionales fórmulas de entrada y cierre de los cuentistas profesionales, así como los puntos de apoyo para no perder el hilo de la historia y suscitar nuestro interés y curiosidad. Nos encontramos con pruebas de valor, enfrentamientos mágicos, amor familiar, relaciones internacionales, poemas amorosos, guerras y enfrentamientos, diversidad de culturas vecinales, cafeterías que emocionan ... y cuentos, muchos cuentos y relatos salpicados de metáforas y música libanesa.

Como si fuéramos derviches, el autor nos envuelve y nos obliga a dar vueltas y más vueltas para conectarnos con la literatura más ancestral, aquella que se trasmitía de generación en generación, de manera oral. La tradición de los hakawati nos recuerda a los juglares medievales o a las personas libro, ya que todos beben de la misma tradición universal, el poder de la imaginación.


Más información:
- Descarga del primer capítulo.
- Críticas sobre la novela.
- Entrevista al autor.
- Un hakawati actual.

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