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18/6/09

JUNTOS, NADA MÁS

Seguro que algun@ de l@s que me leen (por favor, todos a la vez, no), conocen a esa persona que cuando le entra la risa floja, se lleva un buen rato riéndose a carcajadas; esa persona que no puede parar de reir, aunque intente ponerse seria y aguantarse la risa; esa persona que se destornilla en la silla o en el sillón, y se retuerce con el estómago dolorido...¿sí? ¿conocen a alguien?... pues yo soy una de esas personas.

Este título, Juntos, nada más, hace tiempo que me perseguía. Cuando estrenaron la adaptación, se me presentaba en los intermedios publicitarios de la tv; luego, nunca tuve tiempo para colarme en su sala correspondiente de cine; más tarde, me la encontré empezada varias veces en un canal privado de tv, pero nunca le seguí el hilo. Finalmente, a trompicones, se coló entre mis lecturas por un bookring y ya no tuve más remedio que rendirme a sus pies y, después de leerla, comprármela.

¿Alguna vez han leído de noche? Supongo que sí.
¿Alguna vez han leído...casi toda la noche? Puede ser que sí.
¿Alguna vez...han leído casi toda la noche...a carcajadas? Pues eso fue justo lo que me ocurrió con esta novela. La compré una mañana, el 16 de enero de este año, empecé a leerla y ya no pude parar; y si más leía, más reía, hasta el punto de tener que esconder mis carcajadas en la almohada, por temor a despertar a alguien. Y hoy, precisamente, se merece el comentario.

Juntos, nada más es una novela de la autora francesa Anna Gavalda; las últimas novelas que he leído han sido francesas y no pienso olvidarme de ellas en el futuro. Su argumento es el siguiente:

Camille Fauque tiene 26 años, dibuja de maravilla, pero no tiene fuerza para hacerlo. Frágil y desorientada, malvive en una buhardilla y parece esmerarse en desaparecer: apenas come, limpia oficinas de noche, y su relación con el mundo es casi agonizante. Philibert Marquet, su vecino, vive en un apartamento enorme del que podría ser desalojado; es tartamudo, un caballero a la antigua que vende postales en un museo, y el casero de Franck Lestafier. Cocinero de un gran restaurante, Franck es mujeriego y malhablado, casi vulgar, lo cual irrita a la única persona que le ha querido, su abuela Paulette, que a sus 83 años se deja morir en un asilo añorando su hogar y las visitas de su nieto.

El libro obtuvo muy buenas críticas y fue todo un bombazo editorial, pero...¿qué tiene la historia? En un principio, es una historia de amor previsible, ya desde el título: chico conoce chica...pero, a medida que avanzamos en la novela, el chico pasa de la chica y la chica se lleva fatal con el tro chico con el que convive...¿qué ha pasado con el romanticismo inicial? Pues que en en su camino se han cruzado la soledad, la tristeza, la apatía, la enfermedad,..d.e unos personajes que, como bien dice el trailer de la película: "no sabían cuánto se necesitaban hasta que se conocieron".

Cada personaje está bien retratado a través de sus pasiones (cocina, dibujo, teatro, jardín,..) y sus acciones cotidianas: ¿Qué hubiera sido de Camille en el frío invierno francés sin Philibert? ¿Qué hubiera sido de Paulette en aquella residencia sin Camille? Cada uno de ellos es una persona común y corriente, sin grandes anhelos en la vida, con la única esperanza de sobrevivir al día que se le echa encima y poder seguir con la misma rutina al día siguiente; no se exigen nada más , ni siquiera a ellos mismos, lo que lleva, por ejemplo, a que Camille no continúe su afición al dibujo. No son héroes, simplemente, personas ordinarias, como tú o como yo. ¿Y cuándo se dan una oportunidad estos personajes? Precisamente en ese momento, cuando un buen día, se fijan en el otro, en ese que se cruza a su lado y se ponen en su lugar, ya sea porque tiene frío o porque se entristecerá si ella abandona la casa.
"A veces se cruzaba con él en la calle o delante de la puerta de su casa y entonces todo eran complicaciones, emociones y motivos de angustia. Una vez más ahí estaba, gimiendo delante del telefonillo.
--¿Algún problema? --le preguntó Camille.
--¡Ah! ¡Oh! ¡Esto...! ¡Disculpe! --se retorcía las manos--. Buenas noches, señorita, discúlpeme si...si la molesto, porque...la molesto, ¿verdad?
Era horrible. Camille nunca sabía si debía reírse o sentir lástima. esa timidez enfermiza, su forma de hablar tan alambicada, las palabras que empleaba, y esos gestos tan exagerados la incomodaban tremendamente.
--¡No, no, en absoluto!¿Se le ha olvidado el código?
-Diantre, no. O sea, no que yo sepa...O sea, no...no había considerado la cuestión desde ese ángulo...Dios santo, yo...
--¿Lo han cambiado acaso?
--¿De verdad lo cree usted? --Le preguntó, como si acabara de anunciarle el fin del mundo.
--Pues ahora lo veremos...342B7...
Se oyó un clic metálico en la puerta.
--Oh, me siento confuso...Me siento tan confuso... Yo...Pero si es lo que yo había marcado... No lo entiendo...
--No importa --le dijo Camille, haciendo fuerza sobre la puerta.

Él hizo un gesto brusco para empujar la puerta y, queriendo pasar el brazo por encima de ella, erró en la puntería y le dio un golpetazo en la coronilla.
--¡Virgen santa! No le habré hecho daño, espero. Pero qué torpe soy, verdaderamente le ruego que me disculpe...Yo...
Él no se movía.
--Esto...-le suplicó por fin Camille--, ¿le importa quitar el pie? Es que me está aplastando el tobillo, y me está haciendo un daño espantoso...
Camille se reía. Era una risa nerviosa.
Anna Gavalda: Juntos, nada más, pp. 30-31.

Muchos otros temas cruzan la novela de parte a parte: la ancianidad y sus achaques, problemas de salud tan graves como la anorexia, la familia (la buena y la no tan buena), etc. Un lote muy completo que proporciona el ambiente necesario para que la novela pueda ser verosímil y, sobre todo, humana.

¿Y qué decir de Anna Gavalda? Todavía no he leído sus otras novelas, pero pienso hacerlo; lo que más destaco es el detallismo en las situaciones, gestos, posturas, ... la maravillosa capacidad imaginativa que tiene en la creación de algunas imágenes, como las de los personajes de los cuadros de la nobleza, el humor irreverente que maneja como quiere, a veces, casi hilirante y el diálogo retorcido que utiliza a la perfección, muy al estilo de los diálogos de los Hermanos Marx,
"El vendedor se tomó su papel muy en serio y le dio una clase magistral.
Con tono docto, alabó, comentó y comparó las virtudes de los inyectores de aire, el calor por irradiación, las placas de cerámica, las estufas y ls convectores. A Camille le daba vueltas la cabeza.
--Bueno, ¿y entonces, qué me llevo?
--Ah, eso ya, usted verá...
--Pero es que justamente..no lo veo nada claro.
--Llévese una estufa de éstas, no son muy caras y calientan bien. La Oleo de la marca Calor no está mal...
--¿Tiene ruedas?
--Pues...--vaciló el dependiente, inspeccioando la ficha técnica--...termostato mecánico, recogecable automático, potencia regulable, humidificador integrado, blablabla, ¡y ruedas! ¡Sí, señorita!
--Genial. Así la podré poner cerca de mi cama...
--Eh...Si me permite un comentario...Un chico tampoco está mal...Da calorcito, en una cama...
--Sí, pero no lleva recogecable incorporado...
--Ah, eso no...
El vendedor sonreía."
Anna Gavalda: Juntos, nada más, pp. 70-71

Lo único que no me gusta es la portada de la novela; prefiero el cartel de la película.


La adaptación cinematográfica, mucho más ligera que la novela, también consiguió excelentes resultados, retratando a los personajes de manera perfecta. Ya es imposible pensar en Lestafier, Camille, Philibert, Paulette o en la mismísima reina de Saba, con otras caras que no sean las de los actores seleccionados: Audrey Tautou, Guillaume Canet, Laurent Stocker, etc. Pero por favor, no vean la peli antes de leerse el libro, se perderían la esencia de la pasión perfecta, entre la literatura y el cine.

Más información:
- Anna Gavalda.
- Web de la película.
- Crítica de Regina irae.

2 comentarios:

graze dijo...

Leí el libro y me encantó, ahora quiero ver la peliiiiii =D

Y& dijo...

Aunque no retrata todo lo que sale en el libro, te la recomiendo.
;)

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