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5/6/09

EL SEÑOR IBRAHIM Y LAS FLORES DEL CORÁN

“Hay textos que se llevan tan naturalmente dentro de uno mismo que ni siquiera nos damos cuenta e su importancia. Se escriben como se respira. Se expiran, más que componerlos”
Eric-Emmanuel Schmitt

Así define el autor esta historia, en el prefacio de la misma; puede que, por eso, llegue con tan facilidad alos lectores. El libro El señor Ibrahim y las flores del Corán lo leí gracias al ofrecimiento de Graze, quien me lo prestó. Forma parte de una trilogía “sobre las religiones que el autor ha llamado “invisible”en referencia a los valores morales que guían al hombre” . Los libros son: El señor Ibrahim y las flores del Corán, Oscar y Mami-Rose y Milarepa.


El origen del libro se sitúa en una obra de teatro, que dio lugar a una novela y a una película, interpretada por el magistral Omar Sharif y su argumento es el siguiente:



En el París de los años sesenta, un muchacho judío de 13 años se hace amigo del tendero árabe de la calle Azul. Pero las apariencias siempre son engañosas: el Sr. Ibrahim, el tendero, no es árabe, la calle Azul no es azul y el muchacho puede no ser judío.

Aunque el libro se destina a los adultos, en mi opinión, debería ser lectura obligatoria desde los 12 años. ¿por qué? Por que trasciende los miedos y los choques socioculturales de las distintas culturas y nos ofrece dos visiones de una misma realiadad, que todos somos humanos, que todos tenemos problemas, inquietudes, soledades, pero que también tenemos la opción de mirarnos en los ojos del otro, ése con el que nos cruzamos diariamente y del que sólo percibimos la sombra que pasa a nuestro lado. El autor con su habitual sentido del humor y con su audacia filosófica, nos lleva de la mano de esta maravillosa historia entre un anciano árabe sufí y un adolescente judío de 13 años. ¿Qué pueden tener en común? ¿Qué es puede unir? ¿Quizás las latas que Momo le roba al sr. Ibrahim? ¿Una sonrisa, quizás?

"--¿Por qué no sonríes nunca, Momo?- me preguntó el señor Ibrahim.

Aquella pregunta fue como un auténtico puñetazo, un golpe bajo; me pilló desprevenido.

--Sonreir es cosa de ricos, señor Ibrahim. Yo no tengo medios.
--Precisamente, para joder, él se puso a sonreir”,
(…)

--Señor Ibrahim, cuando digo que eso de sonreír es cosa de ricos, lo que quiero decir en realidad es que es algo propio de la gente feliz.
--Pues mira, ahí es donde te equivocas. Sonreír es precisamente lo que le hace feliz a uno.

(…)

--Ser educado está bien, ser amable está mucho mejor. Prueba a sonreir , ya verás.
Bueno, al fin y al cabo, si me lo pide amablemente el señor Ibrahim, que me larga disimuladamente una lata de chucrut con guarnición de cailidad superor, se puede intentar…

Al día siguiente me comporto como un verdadero enfermo al ue le hubiera picado un extraño insecto durante la noche: le sonrío a todo el mundo,.

--No, señorita, no he enetendido el ejercicio de mates.
¡tachán!: ¡Sonrisa!

Eric-Emmanuel Schmitt: El señor Ibrahim y las flores del Corán,
pp.
30-31-32


Su lenguaje es fresco, directo, no es sentimental, pro a la vez, es profundo, sencillo de entender, lo que provoca pequeñas conmociones que hacer surgir una sonrisa, una canrcajada o una cara perpleja; el desparpajo de Momo y la picaresca del señor Ibrahim te convierte, automáticamente, es su cómplice, porque sabes que no aspiran a engañarse el uno al otro, sino a virvir la vida, de la mejor manera posible, sin hacer daño a nadie.

Es un libro que refleja muchas ideas, no sólo la superación de las barreras religiosas, sino también los problemas de autoestima de un adolescente, el amor a la tierra que nos vio crecer, la ancianidad y la fascinación por la juventud, la realización de los sueños, el amor a la familia a pesar de sus defectos, una introducción al sufismo y a los derviches, el significado de ir por una autopista a ir por una carretera normal,…pero también, la visión negativa de los recuerdos, la no superación de los problemas, incluso, los antiguos prejuicios judeocristianos que atormentan a los devotos....todos ellos, pequeños espejos cotidianos que nos rodean y que solo nos vemos reflejados en ellos, cuando nos tocan con su ala o nos perjudican:


“—Tenemos ante nosotros una escalera por la que nos podemos evadir, Momo. El hombre en un pcio fue mineral, después vegetal y más tarde animal –esto último, lo de que fue animal, no se debe olvidar, ya que a menudo corre el riesgo de cvolver a convertirse en uno--. Después se convirtió en hombre, dotado de conocimiento, de razón, de fe. ¿Te imaginas el camino que has recorrido desde que eras polvo hasta lo que eres hoy? Y, más adelante, cuando hayas dejado atras tu condición de hombre, te convertiras en ángel. Habrás acabado con la tierra. Al bailar, se pueden presentir todas esas cosas."
Eric-Emmanuel Schmitt: El señor Ibrahim y las flores del Corán,
p. 86


Más información:
- Entrevista con el autor:
- Otra opinión sobre el libro.
- Una segunda opinión.
- Sobre Oscar y Mamie Rose
- Nota: Las fotografías son fotogramas de la peli del mismo nombre.


Autor: Eric-Emmanuel Schmitt
Título: El señor Ibrahim y las flores del Corán.
Edición: Barcelona, ed. Destino, 2008.
1ª edición
Encuadernación: Tapa blanda bolsillo
ISBN: 9788423340408

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