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20/9/08

PLATERO Y YO

Cuando camino, no sé a dónde llegaré; tomo una calle y a las primeras de cambio, decido coger la primera a la derecha o la tercera a la izquierda. A lo mejor, me acuerdo de una tienda o de una iglesia que hay cerca, y busco el callejón adecuado que me lleve allí. Eso fue lo que me ocurrió el viernes pasado, día 12. No tenía ganas de rodear por la calle San Fernando para salir a la avenida Constitución, y decidí cortar por el barrio Santa Cruz. Una vez allí, decidí perderme un rato y cuando al final desemboqué cerca de Mateos Gago, me acordé de una librería de viejo que había cerca.

Allá que me fui derechita, para llevarme una grata sorpresa. La librería existía y aún mejor, casi se podría decir que restaurada. Me acerqué a la puerta y contemplé un maravillos interior...


Sorprendida, me acerqué con cautela, pero el único cliente me dejaba espacio suficiente para curiosear. Miré de reojo pero no vi a nadie más, así que me lancé a ojear los libros que tenía a mi alcance. Me llamó la atención uno de pastas rojas y letras doradas. Era Platero y yo, de Juan R. Jiménez. Lo examiné y me di cuenta que era una reproducción facsímil de la edición de 1914, con las ilustraciones originales. Levanté la portada y busqué en la guarda el precio. No tenía ninguno. En ese preciso instante, una mujer levantó la cabeza y me saludó; aproveché para preguntarle el precio. Le acerqué el libro y tanto ella como el libro desaparecieron detrás de un mostrador salvaguardado por una columna de libros, colocados unos encima de otros (véase el círculo de la foto) y al poco, me dijo la cantidad.

Dejé el libro donde estaba, y seguí curioseando algunos libros; mientras, mentalmente, repasaba el libro...Por fin, me decidí (más que nada porque era necesario despertar del sueño) y le dije que me lo llevaba. Entre sonrisas y comentarios, me dijo que era el primer libro que había leído en español y que había tenido suerte, pues estaba recién comprado y por eso no tenía aún el precio escrito. Y me siguió diciendo, entre preguntas sobre la salud lectora de los jóvenes y otras cursiosidades y del cómic nº 1 en ventas, que si no me lo hubiera llevado yo, se lo hubiese quedado ella; con las prisas, creía que le había puesto un precio que no le correspondía. Seguimos charlando y convenimos en que, la lectura, nos hace mejores personas, tengamos la edad que tengamos y fuera el libro para niños o para adultos.

Al final, con la emoción de llevar el libro en el bolso, se me olvidó hacerle una foto a la entrada de la librería; será una buena excusa para volver a ella, a la librería Trueque.

Por cierto, siempre llego donde debo de llegar; que dé algunos rodeos aleatorios no significa que no llegue al destino...¿o es el destino el que me alcanza a mi? Esa mañana, fue Platero quien me buscó y me alcanzó él solito.




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